viernes, 19 de septiembre de 2014

Cuando podemos volar



Es cuando pesan las miradas que podemos volar.  Es cuando nos desprendemos de una idea, echamos abajo las paredes a puñetazos, inhalamos todo el aire, subimos y le gritamos a la atmosfera, que se asustan las nubes y los pájaros nos picotean y nuestra madre nos despierta de una colleja. Es solo cuando el cuerpo no tiene energía para transportarse y por lo tanto decide moverse sin esfuerzo, cuando nuestra mente nos pone en alquiler porque ha decidido que requiere de un espacio más grande que el de nuestra cabeza, que sin embargo, en mi caso, no es pequeña. Es cuando escribimos que podemos volar, que por juntar letras las combinaciones son infinitas, cuando hablamos solos y cuando hablamos con alguien que tiene ganas de escuchar. Cuando besamos vuelan las lenguas, cuando nos conocemos de nuevo cada día vuelan los ojos y las manos, cuando nos despedimos vuela el bolígrafo y el papel. Es cuando amamos que también podemos volar. Y cuando alguien nos dice que pisemos con los pies en la tierra es sin lugar a dudas porque ha advertido que estamos volando, y nos envidia. Es cuando recorremos los planetas y nos inventamos las galaxias que no conocemos, ponemos cara de intelectuales, cuando no hacemos absolutamente nada, cuando la mente viaja a todas partes sin moverse del sitio. Cuando tenemos sueño para hablar y escuchamos con el piloto automático, cuando trasnochamos, cuando nochatramos en el trasdía, cuando nos inventamos las palabras.  Es cuando vemos un documental en el que aprendemos que el ser humano no tiene alas, cuando alguien nos llama locos, cuando despierto tras haber soñado no sé muy bien qué pero me ha gustado. Es entonces cuando podemos volar. Es siempre. Siempre que nos lo propongamos, que esto es algo que solo se entiende una vez despegas.

sábado, 9 de agosto de 2014

Hasta que me digas que no hay luz

Y seguiré entrando en esa habitación que una vez imaginamos, la que está decorada de sueños y recuerdos de papel, de dibujos infantiles en las paredes, de un tanto de olor a estratosfera y otro tanto a combustible. Seguiré buscando cuando nos haga falta, lo seguiré haciendo

Hasta que me digas que no hay luz. 

La magia en la que creen todos los niños hasta que viene un adulto y les engaña, aquello que dicen que no existe porque no lo han visto, aquello que nos falte en cada momento, que nos haga sentirnos vivos, mayores y jóvenes a la vez, que nos haga estar encima, que nos haga volar. No me rendiré en esta búsqueda, nada me hara desistir,

Hasta que me digas que no hay luz.

Y cuando me digas eso, cogeré un tanto de ramas, otro tanto de globos, de patas de cangrejo y de amor de gemelos, de sustancia intra-nubal y de seres arboreos post-lluviosos. Me sentiré la bruja del cuento, me reiré estruendosamente, lo meteré todo en mi caldero y...

Crearé una nueva luz para nosotros. Eso haré siempre que digas que no hay luz. Hasta que nuestros corazones se hagan mayores. 


martes, 20 de mayo de 2014

Museo de momentos

Hoy he abierto esa caja donde escondí tus palabras. Encontré una espada, esa espada con la que solías atravesar corazones hasta que la víctima descubría jadeando que solo había sido un sueño, tan excitante como doloroso. También tu reloj de arena, con sus dos receptáculos perfectos: uno para la felicidad y otro para la indiferencia. Solías girarlo a placer, te burlabas del tiempo, al fin y al cabo tú tenías todo el que querías pues otros te lo regalaban. Encontré parte de tus sueños, pues alguna que otra vez me los describiste vagamente, supongo que eran tus momentos de debilidad.



Ahora me la llevaré, dejará de ser una cárcel de pasado para ser un motel barato lleno de presente.  La llenaré de muchas otras cosas para que las tuyas sean insignificantes,  me daré cuenta que pese a todo viví y que esa caja solo contiene las pruebas de ello. Me hará recordar que ahora tengo cajas mucho más grandes, que tengo ganas de vivir y recogerlo todo en cajas, que quizá algún día haga un museo de momentos y te llame para decirte que hay dos por uno en las entradas, que puedes acompañarme si quieres.



Opto por pintar mi presente inspirándome en el arte del pasado.

viernes, 16 de mayo de 2014

Regálame el fuego

Regálame la furia, la tormenta y los truenos de la palabra para que el relámpago me ciegue en los silencios. Regálame el fuego. Regálame el volar y el quemarnos mientras alguien es tan de verdad como para decirnos que los dragones no existen. Regálame la vida, la muerte y el continuo volver a levantarse. Llévame al absurdo y una vez ahí hazme comprender, demuéstrame que el único sinsentido es aquello a lo que alguien no fue capaz de encontrárselo. Embriágame, secuéstrame, amordázame, pero pase lo que pase regálame el fuego. No dejes que la fría realidad me encuentre, que ella no me entenderá, que qué más dará si somos reales o no. 


-Este lugar quema, pero también brilla mucho más.
-Solo cuando te acostumbres al fuego podrás desplegar tus alas.
-Entonces no me dejes escapar.






Prefiero vivir en llamas que existir en un mundo frío y oscuro. 

miércoles, 14 de mayo de 2014

El tren volador

Nos veremos en la puerta de la aeroestación, sí, de acuerdo, allí estaré 5 minutos antes de que embarques. Tu mirada quizá sea algo así como qué tal la vida, qué ganas tenía de verte, mientras que la mía será más bien un cállate y bésame, que solo tenemos cinco minutos, que hace una eternidad que no me besas, que de hecho nunca me has besado. Pero se retrasará mi aerotren, que si había muchas nubes, que si qué sé yo. Y tú, claro, tienes que subir al tuyo. Te diré que ya he llegado, que bajes un momento, que nadie se dará cuenta. Pero daré la vuelta justo cuando digas que ya te has acomodado y no te apetece bajar, que no pasa nada, que nos veremos a la vuelta. Quizá no hayas acabado de decírmelo cuando lance el teléfono contra el aerotren, rompiéndole un ala. Y los de seguridad me detendrán, me preguntarán que por qué lo he hecho, y yo responderé que si los trenes vuelan, por qué no los teléfonos.


lunes, 5 de mayo de 2014

Mundos inventados

Una vez inventé el mundo. Me dijeron, qué dices, qué cosas tienes, el mundo ya está inventado. Yo les dije que no me habían entendido, que tenían que venir a visitar el mundo que había creado para comprenderme. Incluso podrían inventar mundos ellos también. 

Qué cosas tienes, no somos como tú, no somos raros, no estamos locos.

Ahora soy uno de esos artistas solo reconocidos  cuando se han ido de este mundo. Pero menos mal que soy raro y que estoy loco, pues de otra manera no habría podido inventar mi mundo y escribir estas líneas desde él.





Un amigo será el que haga más grande tu mundo a la vez que te deja visitar el suyo.

viernes, 24 de enero de 2014

Nuestro camino

Desde que llegaste la luna se da media vuelta para mirarme mientras se aleja. Y así es como empiezo y acabo mis días contigo. Mirando hacia atrás y hacia adelante alternativamente, pensando en el hoy y soñando en el mañana. Y ahora es cuando pretendo inmortalizar por escrito todos los ayeres que hemos pasado juntos. Todas las veces que con tus labios has escrito sonrisas en mi rostro. Todas las veces que has hecho salir el sol cuando dentro de mi había una tormenta. Todos nuestros viajes, que tan pronto son a la vuelta de la esquina como al mundo entero. Y será que hemos descubierto que no todo es lo que parece. Hay palabras que no dicen nada y silencios que claman a gritos. También días cortos y segundos largos. Ahora sabemos que hay almas más allá de donde podemos ver, que el número únicamente depende del punto de vista. Y que la vida es mucho más compleja pero a la vez más bonita de lo que creíamos. 



Gracias, por crear entrada y definicion, colchón y manta, lágrima y carcajada, barco y mar, noche y luna, vida y sueño, momento y beso.

 Gracias por crear todo, por no darle importancia a la palabra imposible, por mirarme más allá de los ojos, por soplar las velas de cada día en que cumplimos un día más. 

Gracias por compartir tu camino conmigo.