lunes, 13 de julio de 2015

Menos mal que solo creí verte

Y menos mal que solo creí verte. Esas calles están malditas desde que pasamos por ellas. De repente no nos conocemos, somos extraños y deberíamos fingir que no sabemos el nombre del otro. Pese a que aún recuerdo tu cumpleaños. Qué situación tan macabra. Hablaríamos del calor que hace, de cómo van nuestras vidas, y quedaría en segundo plano hablar del por qué realmente hablamos o el por qué no hablamos. Ni siquiera sería hipocresía, solo una conversación de autómatas. Pero la parte de nuestra mente que aún siente, aún recuerda y aún actúa de forma consciente se estaría preguntando a gritos qué hacemos allí. Por qué hemos roto la rutina nómada de nuestras vidas para pararnos a contemplar una huella en el suelo ya casi borrada. Se preguntaría también por qué nos ponemos a hablar de gilipolleces cuando quedaron tantas cosas por hablar. Por qué nos damos la mano y no un puñetazo. Y por qué un café con leche si a mí no me gusta el café. Por qué mirarte a los ojos de vez en cuando mientras hablo; en el fondo es obvio que hablamos para nosotros mismos, sin importar el otro. 

Supongo que el miedo a perder esa batalla de egos acelera brutalmente mi corazón cada vez que paso por esas calles.

 Menos mal que solo creí verte.


sábado, 27 de junio de 2015

Con permiso de la pólvora

Con permiso de la pólvora, no existe en el mundo nada más explosivo que la mente humana. Energía contenida en una larga mecha esperando ser prendida por algo, por alguien, por el ahora. Tremenda luz cegadora para casi todos, ¿dónde habré dejado mis gafas de sol? La  explosión no se atenúa, no desaparece, no se puede esconder por demasiado tiempo.  O me niego a que sea así. Allá reviente los prejuicios, allá exploten los miedos, allá vuelen en mil pedazos los mañana. Que, hoy, me limitaré a sentarme y disfrutar como si de fuegos artificiales se tratase. Pasadme las gafas de sol y quedaos en vuestras casas no vaya a ser que os alcance la onda expansiva. Energía puesta en libertad, explosiones alcanzando su plenitud de belleza. Con permiso de la pólvora, no existe ni existirá en el mundo nada más explosivo que la mente humana.


lunes, 22 de diciembre de 2014

El edificio más alto

Una vez miré el mundo desde el edificio más alto en el que nunca avisté. Podía ver las altivas montañas, casi siempre lejanas desde cualquier punto, y el mar  en el que sonaba aquella cualquier canción de la terraza del bar de al lado. Y yo en el punto medio. Creyendo que era el equilibrio perfecto, que el mundo se había detenido de forma correcta en unos días de altura. Creyendo tanto y sabiendo tan poco. Hora de comer, me avisaba una voz, vuelve a bajar, que te va a entrar vértigo. Altivo de mi, que me creía una montaña, más alto que nadie, escuchándome y teniendo interesantes conversaciones conmigo mismo, pues nadie más podría haberme escuchado desde un lugar tan alto. Recordaba otros días pasados en los que me había dado por bajar, aquellas infinitas escaleras falsas, una vuelta, otra, una vuelta, otra, y solo dos personas que se leían los labios pero no llegaban a escucharse bien debido a la montaña que había entre ellos. Gritos que se perdían en un eco que aún resonaría por años, vagamente o no, en función de lo atentamente que cada uno escuchase. Ahora ya sin caer en la arrogancia del punto medio, miro arriba y también abajo, a los lados al cruzar por si viene el autobús, hacia delante por si nos chocamos. Una vez miré el mundo desde el edificio más alto en el que nunca avisté.


viernes, 14 de noviembre de 2014

Cuatro manos

¿Cómo evito que me convenzas de que la tierra es un triángulo, el cielo es de agua y el mar de infinito? ¿Cómo darme cuenta de que dos y dos son cuatro si tú me dices otra cosa? ¿Cómo hacerlo cuando tu mirada me convence y tu dedo en mis labios me dice que no diga nada, que no hable sobre la realidad y que la deje siendo un gran secreto? ¿Cómo no te voy a creer cuando me dices que somos inmortales, que podemos volar más allá de lo conocido y que somos capaces de crear cualquier cosa que se nos antoje?

Y es que me gusta cuando tu cuerpo me convence de que tenemos cuatro manos, cuando tus ojos me hacen dudar sobre si el tiempo es inmóvil, cuando tu calor me hace olvidar dónde estoy. Me gusta cuando tus sábanas son nuestro escondite y tu casa un palacio invisible.

¿Cómo evito que me convenzas de un mundo que dicen que no existe, si en él haces que me sienta tan feliz?

jueves, 16 de octubre de 2014

Marioneta de la locura

A veces la pluma desea escribir y no la puedo controlar.

Maleducada pues no pide permiso, mandona porque no le gusta esperar y desobediente pues nunca quiere escribir sobre lo mismo que yo. Es libre, y yo solo soy un guía que va sacando palabras, sentimientos, inseguridades, ideas. Este libre albedrío es a veces agradable pues no tengo que pensar, puedo sentarme y relajarme y luego publicar algo que otros creerán que he escrito yo. Y en ese algo me veré reflejado, pues esta pequeña rebelde me conoce mejor que nadie, sabe viajar a lo más profundo de mi alma y plasmar mis contradicciones como si tuvieran sentido.  También es adivina: sabe que yo quería escribir sin importar el qué.  Sabe que quería viajar de un lugar a otro de mi mente, edificar nuevas oraciones, plantear nuevos retos.  Y en todos estos proyectos me siento a veces vagamente partícipe, pues yo solo cumplo con sus órdenes ya que de no hacerlo no logro conciliar el sueño, ella lo sabe. Solo soy una mano que la sostiene, una simple marioneta, sirviente ciego de la más pequeña y sutil creadora. Y tras todo esto, siento lo mismo que cuando veo la sonrisa de un desconocido, una atracción y a la vez un miedo devastador. 
A veces la pluma desea escribir y no la puedo controlar.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Escultura de un momento

Cada paso que daba representaba una nota musical, cuya escala había recorrido decenas de veces. Trataban de caerle encima las losas del tiempo pero las esquivaba una a una, daba una voltereta en al aire y los minutos le pasaban entre los dedos, se agachaba y los segundos pasaban de largo, cerraba los ojos y los momentos se le adherían a la piel. Era una carretera inexistente hasta sus pasos, infinidad de asfalto levantado dibujando caprichosas formas, que si la nube, que si la ola, que si ese animal mitológico que solo él logra ver, su primer amor, sus sueños aún por edificar, el camino dejado por los fuegos artificiales de rocas. En aquel lugar era arquitecto y constructor, era pianista y música, era amor y orgasmo.

Le apetecía componer el infinito e inventarse los límites.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Cuando podemos volar



Es cuando pesan las miradas que podemos volar.  Es cuando nos desprendemos de una idea, echamos abajo las paredes a puñetazos, inhalamos todo el aire, subimos y le gritamos a la atmosfera, que se asustan las nubes y los pájaros nos picotean y nuestra madre nos despierta de una colleja. Es solo cuando el cuerpo no tiene energía para transportarse y por lo tanto decide moverse sin esfuerzo, cuando nuestra mente nos pone en alquiler porque ha decidido que requiere de un espacio más grande que el de nuestra cabeza, que sin embargo, en mi caso, no es pequeña. Es cuando escribimos que podemos volar, que por juntar letras las combinaciones son infinitas, cuando hablamos solos y cuando hablamos con alguien que tiene ganas de escuchar. Cuando besamos vuelan las lenguas, cuando nos conocemos de nuevo cada día vuelan los ojos y las manos, cuando nos despedimos vuela el bolígrafo y el papel. Es cuando amamos que también podemos volar. Y cuando alguien nos dice que pisemos con los pies en la tierra es sin lugar a dudas porque ha advertido que estamos volando, y nos envidia. Es cuando recorremos los planetas y nos inventamos las galaxias que no conocemos, ponemos cara de intelectuales, cuando no hacemos absolutamente nada, cuando la mente viaja a todas partes sin moverse del sitio. Cuando tenemos sueño para hablar y escuchamos con el piloto automático, cuando trasnochamos, cuando nochatramos en el trasdía, cuando nos inventamos las palabras.  Es cuando vemos un documental en el que aprendemos que el ser humano no tiene alas, cuando alguien nos llama locos, cuando despierto tras haber soñado no sé muy bien qué pero me ha gustado. Es entonces cuando podemos volar. Es siempre. Siempre que nos lo propongamos, que esto es algo que solo se entiende una vez despegas.

sábado, 9 de agosto de 2014

Hasta que me digas que no hay luz

Y seguiré entrando en esa habitación que una vez imaginamos, la que está decorada de sueños y recuerdos de papel, de dibujos infantiles en las paredes, de un tanto de olor a estratosfera y otro tanto a combustible. Seguiré buscando cuando nos haga falta, lo seguiré haciendo

Hasta que me digas que no hay luz. 

La magia en la que creen todos los niños hasta que viene un adulto y les engaña, aquello que dicen que no existe porque no lo han visto, aquello que nos falte en cada momento, que nos haga sentirnos vivos, mayores y jóvenes a la vez, que nos haga estar encima, que nos haga volar. No me rendiré en esta búsqueda, nada me hara desistir,

Hasta que me digas que no hay luz.

Y cuando me digas eso, cogeré un tanto de ramas, otro tanto de globos, de patas de cangrejo y de amor de gemelos, de sustancia intra-nubal y de seres arboreos post-lluviosos. Me sentiré la bruja del cuento, me reiré estruendosamente, lo meteré todo en mi caldero y...

Crearé una nueva luz para nosotros. Eso haré siempre que digas que no hay luz. Hasta que nuestros corazones se hagan mayores. 


martes, 20 de mayo de 2014

Museo de momentos

Hoy he abierto esa caja donde escondí tus palabras. Encontré una espada, esa espada con la que solías atravesar corazones hasta que la víctima descubría jadeando que solo había sido un sueño, tan excitante como doloroso. También tu reloj de arena, con sus dos receptáculos perfectos: uno para la felicidad y otro para la indiferencia. Solías girarlo a placer, te burlabas del tiempo, al fin y al cabo tú tenías todo el que querías pues otros te lo regalaban. Encontré parte de tus sueños, pues alguna que otra vez me los describiste vagamente, supongo que eran tus momentos de debilidad.



Ahora me la llevaré, dejará de ser una cárcel de pasado para ser un motel barato lleno de presente.  La llenaré de muchas otras cosas para que las tuyas sean insignificantes,  me daré cuenta que pese a todo viví y que esa caja solo contiene las pruebas de ello. Me hará recordar que ahora tengo cajas mucho más grandes, que tengo ganas de vivir y recogerlo todo en cajas, que quizá algún día haga un museo de momentos y te llame para decirte que hay dos por uno en las entradas, que puedes acompañarme si quieres.



Opto por pintar mi presente inspirándome en el arte del pasado.

viernes, 16 de mayo de 2014

Regálame el fuego

Regálame la furia, la tormenta y los truenos de la palabra para que el relámpago me ciegue en los silencios. Regálame el fuego. Regálame el volar y el quemarnos mientras alguien es tan de verdad como para decirnos que los dragones no existen. Regálame la vida, la muerte y el continuo volver a levantarse. Llévame al absurdo y una vez ahí hazme comprender, demuéstrame que el único sinsentido es aquello a lo que alguien no fue capaz de encontrárselo. Embriágame, secuéstrame, amordázame, pero pase lo que pase regálame el fuego. No dejes que la fría realidad me encuentre, que ella no me entenderá, que qué más dará si somos reales o no. 


-Este lugar quema, pero también brilla mucho más.
-Solo cuando te acostumbres al fuego podrás desplegar tus alas.
-Entonces no me dejes escapar.






Prefiero vivir en llamas que existir en un mundo frío y oscuro. 

miércoles, 14 de mayo de 2014

El tren volador

Nos veremos en la puerta de la aeroestación, sí, de acuerdo, allí estaré 5 minutos antes de que embarques. Tu mirada quizá sea algo así como qué tal la vida, qué ganas tenía de verte, mientras que la mía será más bien un cállate y bésame, que solo tenemos cinco minutos, que hace una eternidad que no me besas, que de hecho nunca me has besado. Pero se retrasará mi aerotren, que si había muchas nubes, que si qué sé yo. Y tú, claro, tienes que subir al tuyo. Te diré que ya he llegado, que bajes un momento, que nadie se dará cuenta. Pero daré la vuelta justo cuando digas que ya te has acomodado y no te apetece bajar, que no pasa nada, que nos veremos a la vuelta. Quizá no hayas acabado de decírmelo cuando lance el teléfono contra el aerotren, rompiéndole un ala. Y los de seguridad me detendrán, me preguntarán que por qué lo he hecho, y yo responderé que si los trenes vuelan, por qué no los teléfonos.


lunes, 5 de mayo de 2014

Mundos inventados

Una vez inventé el mundo. Me dijeron, qué dices, qué cosas tienes, el mundo ya está inventado. Yo les dije que no me habían entendido, que tenían que venir a visitar el mundo que había creado para comprenderme. Incluso podrían inventar mundos ellos también. 

Qué cosas tienes, no somos como tú, no somos raros, no estamos locos.

Ahora soy uno de esos artistas solo reconocidos  cuando se han ido de este mundo. Pero menos mal que soy raro y que estoy loco, pues de otra manera no habría podido inventar mi mundo y escribir estas líneas desde él.





Un amigo será el que haga más grande tu mundo a la vez que te deja visitar el suyo.

viernes, 24 de enero de 2014

Nuestro camino

Desde que llegaste la luna se da media vuelta para mirarme mientras se aleja. Y así es como empiezo y acabo mis días contigo. Mirando hacia atrás y hacia adelante alternativamente, pensando en el hoy y soñando en el mañana. Y ahora es cuando pretendo inmortalizar por escrito todos los ayeres que hemos pasado juntos. Todas las veces que con tus labios has escrito sonrisas en mi rostro. Todas las veces que has hecho salir el sol cuando dentro de mi había una tormenta. Todos nuestros viajes, que tan pronto son a la vuelta de la esquina como al mundo entero. Y será que hemos descubierto que no todo es lo que parece. Hay palabras que no dicen nada y silencios que claman a gritos. También días cortos y segundos largos. Ahora sabemos que hay almas más allá de donde podemos ver, que el número únicamente depende del punto de vista. Y que la vida es mucho más compleja pero a la vez más bonita de lo que creíamos. 



Gracias, por crear entrada y definicion, colchón y manta, lágrima y carcajada, barco y mar, noche y luna, vida y sueño, momento y beso.

 Gracias por crear todo, por no darle importancia a la palabra imposible, por mirarme más allá de los ojos, por soplar las velas de cada día en que cumplimos un día más. 

Gracias por compartir tu camino conmigo. 





domingo, 13 de octubre de 2013

Debes de ser sombra

Me dijo un recuerdo que te vio detrás de mi. Al girarme no lograba verte pero siempre notaba tu presencia. Es por ello que debes de ser sombra. Y no recuerdo si hace un día o un año que eres sombra. Pero estás ahí, inmutable, constante imitadora de las lágrimas que sonrío y de las sonrisas que maldigo.Y casi no me cabe duda, tu presencia se está burlando de mi, me mira y comprende debajo de mi piel, ve grabados a fuego todos los pasos que diste a mi lado. 

Vete, ya no pintas nada. Pero sabes que miento, sabes que has dibujado parte de mi y que yo puedo volver a dibujarte cuando quiera. Y que de hecho lo haré y el pretexto será bien absurdo. 

Al fin y al cabo, solo eres una sombra. Pero me hablas, yo te enseñé a hablar aún sin tenerme delante mientras que tú me enseñaste a escuchar el eco del silencio. Ahora ambos somos parte del mismo suelo que pisamos con esa monstruosa, casi demente imitación perfecta. 

Y en el fondo temo el día que te despegues de mi, que camines con autonomía, que solo me quede el periódico que cada tantos días que no sé contar me traigan los recuerdos. Soy luz y tú oscuridad, pero que alguien me diga quién de los dos podría existir sin el otro. Y es que, debes de ser sombra. Más cuando por el día me sigues y eres parte de mi, mientras que por la noche me envuelves en tu sábana. 

viernes, 26 de julio de 2013

Pluma


Entonces debes ser pluma. Si son gráciles tus palabras y mudo tu color, debes ser pluma. Lo debes ser si te aferras a mi mano y escribes en ella la palabra inspiración. Y si te escribo ciegamente, e incluso no me importa que sea con mi sangre, debes ser pluma. Cuando tus palabras me guían y a su vez yo soy el causante de esas palabras. Cuando solo contigo pasan las horas volando como las palabras que me regalas. Así como también tu estilo, tu movimiento tímido y a la vez fuerte, el hecho de que seas única pese a que haya muchas como tú. Por todo eso, debes ser pluma. Y por ello te guardaré en ese lugar especial que aparentemente está a la vista de todos y es tan común como cualquier otro. Pero no serás común, ni estarás en un lugar común, ni me regalarás palabras comunes. Pues te escribiré todos los días, y cuando no esté pensando en ti pensaré en todas las palabras que me has regalado y que te quedan por regalarme.

Porque tú, debes ser pluma, la pluma que me escribe los nuevos amaneceres.

viernes, 26 de abril de 2013

Manos de fuego

De acuerdo, sígueme. Pero coge provisiones, recuerdos, ilusiones y un par de corazones antes de hacerlo. Supiste que desaparecería la realidad y que dejarías de existir para empezar a ser. Te hice la oferta más tentadora, te robé parte de ti y te regalé parte de mi. Nos quedamos iguales. Nos fundimos en un monstruoso ente de ilusiones e inseguridades. Te ofrecí mi mano ardiendo. Y la abrazaste a tu alma.

-Aceptaste.

-¿Acaso existe un cielo o un infierno?

-No lo sé, pero por si acaso vístete de gala. 

Y te llevé a dónde residian tus miedos, tus no sé qué me ocurre, tus novelas a medio escribir. Y le prendí fuego y así pudimos entrar, pues tú y yo ya éramos fuego. Incluso tal vez ya lo éramos antes de cruzarnos. 

-¿Cómo se abre la puerta?

-Debes pagar la entrada con sangre. 

Y decidiste hipotecarte, por si era la mejor opción para empezar a no existir. Por si al final del sueño todo tenía su explicación, todo tenía un orden y una razón de ser. Por si los eslabones de tus cadenas se levantaban en rebeldía. Y así descubriste que el fuego te mantenía con vida, pese a todo.

-Pese a todo, iré contigo. 

-No puedo prometer que no te arrepentirás. 

-Sólo prométeme que no me dejarás apagarme.


martes, 26 de febrero de 2013

Caja de resonancia

Olvídate. Olvídate tú, que yo no he sido capaz. Olvida el sol que te susurra al oído, olvida las luces que decoran tu navidad, olvida como yo te robé esa navidad. Si la memoria no me falla, me duraste una eternidad. La más breve de mi vida. Y es que tal vez mi error siempre haya sido perseguir el tiempo en lugar de dejarme alcanzar por los momentos. Y esperar que esos momentos duren más tiempo cuando me alcanzan. Y la verdad es que solo ahora, que has convertido mi vida en una caja de resonancia, comprendo que los momentos tienen que ser breves para convertirse en eternos. Pero olvídate. Olvídate de una vez, déja de quemarme, yo no puedo olvidarte, no, no quiero olvidarte.  Supongo que te odio, pero no podría vivir sin ti. Cada día vuelves a mi con una máscara distinta, me dices cosas distintas. Y cada día espero que me digas siempre lo mismo, espero poder predecir lo que tienes para decirme, pero no, nunca es así. Paso la vida improvisando; todo desde que convertiste mi vida en una caja de resonancia. E intento organizar las páginas, intento dibujar un camino, intento también sin éxito dejar que el día me convenza. Olvídate, olvida las luces que decoran tu navidad y como yo te robé esa navidad. Olvida un silencio eterno y una sonrisa efímera. Olvida la luz artificial y olvida los caminos empedrados. Porque tú has convertido mi vida en una continua caja de resonancia, noche. Y cada día vuelves a mi, y traes una cara distinta pero sigues siendo la misma. 


De niños intentamos encajar por la fuerza piezas de un puzzle que no encajan. Y al crecer, bueno, somos más altos...

miércoles, 24 de octubre de 2012

Un té con lluvia

Suena el despertador. Tras haber tenido el mejor sueño de su vida, se levantó de la mesa en la que dormía , se vistió, y salió a la calle. No cabía duda de que Barcelona era el lugar perfecto para el que quiere viajar sin ir a ninguna parte. Sus calles eran un entresijo de diferentes épocas y culturas que se entrelazaban y hacían creer que a cada esquina te encontrabas en un lugar distinto. Él, con paso decidido, caminó y se perdió por los callejones al azar. Sabía que esa era la única forma de llegar a donde quería. Estaba contento, pero a la vez nervioso. Gente sin rostro, con la mirada perdida, que parecía tener mucha prisa en llegar siempre al mismo lugar. El padre de família frustrado que entraba en las librerías de viejo de la ciudad, y se prendaba de aquel mundo de papeles viejos que le hacía olvidarse de la realidad durante unas horas. Aquel supermercado cerrado que antaño había sido una famosa tienda de cuchillos y aquel edificio que nadie conocía y sin embargo era una clara reminiscencia del arte gótico. Todo aparecía ante él como cotidiano y superfluo, como si no fuese más que un decorado; un decorado con vida propia que enamoraba las almas de las personas y te hacían fundirte con la ciudad. Él siguió caminando. El corazón le latía muy deprisa. Entoces giró y fue a parar a un callejón con un encanto especial donde se encontraba un bar antiguo; luminoso y con aire de lectura. Se respiraba un aire tranquilo y lleno de paz. Ella no tardo en entrar, con su abrigo y su bufanda a juego con el jersey. La miró, y supo que la conocía, que aún sin saber su nombre la conocía desde siempre. El se acercó a la barra y pidió té con canela.

-Sírvaselo a aquella chica de la bufanda.

Ella parecía sumida en sus pensamientos, tal vez sobre lo que iba a pedir o tal vez sobre algo más, cuando el camarero le sirvió el te con canela. Él se pidió otro te, se acercó, se sentó a su lado, y simultaneamente al furtivo encuentro de sus miradas comenzó a llover. Una tormenta fuerte y espontanea, de esas que suelen anunciar la llegada del invierno. El dueño del bar había puesto un CD de Sabina que se distinguía vagamente entre el estruendo de la lluvia. Él notó que no eran necesarias las presentaciones.

-Te gustan los días lluviosos de otoño?

-El invierno es mi estación preferida, pero el otoño desprende un encanto especial.

Una voz pausada y agradable, transmitía paz. El te ya se estaba enfriando. Como el día. Volvió a colocarse el abrigo. Pese a hacer frío él sintió una extraña calidez, que no se supo explicar. Igual que en el sueño. Hablaron minutos, horas, días, qué más da. Cuando no hablaban, escuchaban el silencio interrumpido por la lluvia. Ella tenía un lema, y era que la mirada era el espejo del alma. Y así era, pues con la mirada eran capaces de decirse más cosas de las que se podrían escribir en todo un otoño. Su mirada era dotada de cierto misterio, un aire realmente interesante.  Ya no estaba nervioso. Entonces, de repente, ambos fueron conscientes de que la voz de Sabina volvía a escucharse con nitidez.

-Ha dejado de llover.

-¿Y si aun así quisiera quedarme?

El nuevo reencuentro de sus miradas apagó todas las luces. Nada sucedía, y tardó unos largos segundos en comprender. Con la mirada fija en el techo de su dormitorio, estuvo un rato pensando. Empezaban a asomar los primeros rayos de sol. Todavía notaba el sabor a canela mezclado con el de los labios de aquella chica. Y el invierno aún estaba por llegar. Nada más levantarse, las palabras de Joaquín Sabina resonaron en su cabeza...

 De ti depende, y de mí, que entre los dos siga siendo ayer noche hoy por la mañana...



Para M.F.









jueves, 16 de agosto de 2012

La ventana

La ventana era alta, tan alta que hasta entonces había preferido ignorarla. Sabía que si en su intento de treparla caía, el golpe sería doloroso. Cada día la ventana estaba ahí, él lo sabía. Por encima de las palabras sordas, de las miradas vacías y de las masas de gente sin rostro. Todo era una perfecta red que se volvía sobre si misma en espiral y sobre la cual todos caminaban creyendo ir a alguna parte. Creyendo estar cambiando algo. Y como tantas otras cosas imprescindibles, la imaginación es subestimada. La araña controla los pasos. Y pobre de aquel de quien también controla sus sentimientos. Él en cambio guardó bajo llave sus sentimientos, sus sueños, su mirada, y miró la ventana. En ese momento estuvo convencido que sin necesidad de trepar podría alcanzarla. Podría ver más allá. Podría tejer. Podría cumplir sus sueños y a su vez soñar otros nuevos.


La realidad es peligrosa, es la espada de Damocles de todo soñador, excepto del que sabe volar...


lunes, 18 de junio de 2012

Breve conversación

Hoy me veo obligado a decir que hay personas realmente geniales. Personas que cambian  con el paso del tiempo e incluso así lo siguen siendo. No las encontrarás en la portada de ningún libro más vendido ni aparecerán en la tele anunciando iogures. Estarán en cualquier café escondido entre las calles,  tal vez esperando a que les preguntes la hora. O incluso las verás sentadas en una mesa o un mostrador y pensarás que ese lugar no les corresponde. Pero a la vez, sí que les corresponde. Si anunciasen iogures tal vez perderían ese encanto anónimo que tienen. Ven el mundo a su manera, y no contentos con ello, te lo muestran. Y a esas personas, las admirarás tanto que jamás te hará falta pedirles un autógrafo.

Hoy no escribo sobre mi; no soy lo suficientemente interesante para la mayoría de lectores. Hoy me veo obligado a hablar, y no a escribir.